Hay una sensación térmica en la calle que no mide ningún termómetro, pero que quema. Es la rabia acumulada, la fatiga de material de una ciudadanía que mira la televisión, lee las noticias y siente que le están tomando el pelo en su propia cara.
Lo que hemos visto las últimas semanas no es solo una seguidilla de escándalos... Es la confirmación de que la clase política habita un Chile paralelo. Uno donde las reglas del juego son, convenientemente, muy distintas a las del resto de los mortales.
Miremos el panorama. Por un lado, la denuncia que pide investigar el escándalo que vincula al diputado Alejandro Riquelme por el subsidio habitacional que obtuvo su pareja y socia comercial, omitiendo presuntamente información socioeconómica en una postulación destinada al 40% más vulnerable. Sí, leyó bien: Viviendas sociales bajo sospecha en un país con una crisis habitacional dramática.
Por el otro lado, el caso del senador Alejandro Kusanovic y la denuncia de su exasesor por presuntos desvíos o "recortes" de sueldos, que terminó durmiendo el sueño de los justos en una Comisión de Ética presidida por su compañero de bancada y oficina, el senador Carlos Kuschel. Entre amigos se entienden, entre amigos se archivan las cosas, y los antecedentes graves (como siempre) tardan un siglo en llegar al Ministerio Público.
Mientras tanto, en el Chile real, el trabajador común y corriente calcula los pesos para ver si le alcanza para el kilo de pan, los gastos comunes o para dos comidas al día.
Pero la guinda de la torta llegó con la Cuenta Pública. El Presidente nos ofreció un discurso republicano, lleno de promesas, balances, y confirmaciones de su programa de Gobierno. Pero omitió un "pequeño" detalle de 6.200 millones de dólares. Tuvo que terminar el evento para que, por el lado, el Ministerio de Hacienda ingresara un proyecto de urgencia para aumentar el endeudamiento fiscal en esa brutalidad de dinero debido al déficit. ¿Por qué no se dijo de frente en el congreso pleno? Esas omisiones huelen raro, se sienten raras y rompen la confianza básica.
Y si de privilegios hablamos, el destape de los viajes al extranjero durante las semanas distritales es una bofetada. La semana distrital se inventó para que los parlamentarios estén en terreno, con los zapatos embarrados, escuchando a los vecinos de su zona. Pero nos enteramos de que diputados de todos los sectores políticos (desde Republicanos viajando al Caribe hasta diputados del Frente Amplio como Gonzalo Winter y Constanza Schonhaut viajando a Uruguay por un seminario) ocupan esos días como de libre disposición o "vacaciones" encubiertas. Total, el reglamento de la Cámara solo castiga si no van a la Sala a apretar el botón, pero en la semana distrital hay chipe libre.
Mientras la ciudadanía paga con creces cada beneficio de sus autoridades (bencina, pasajes, viáticos, neumáticos y bonos que ya quisiera cualquier técnico o profesional de clase media), las grandes empresas siguen recibiendo perdonazos o rebajas tributarias, y el costo de la vida lo absorbe el de siempre... El que tiene que hacer malabares con el pago mínimo de la tarjeta de crédito para llegar a fin de mes.
Ojo con lo que está pasando. Esta desconexión no es gratis. La cuerda se sigue tensando, y la distancia entre el Chile que sufre la inflación en el supermercado y el Chile que legisla desde una burbuja de privilegios se está volviendo, simplemente, preocupante. Y pudiera ser isostenible.
Equipo Editorial ZonaZero.cl